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Sardinas fritas: buenas, sanas y baratas.
08/05/2011 (La Vanguardia).- Una de las excusas más utilizadas para justificar la ingesta insuficiente de pescado es el precio. Como si el lenguado, el rape o la gamba fuera lo único que se puede encontrar en el mercado… Sin embargo hay una larga lista de pescados sabrosos y asequibles, entre los que está la sardina, un tanto olvidada. La sardina es un pescado azul de sabor intenso apto para todas las arterias y bolsillos con un montón de cualidades dietéticas y muchas posibilidades culinarias.
Al horno, a la brasa, frita o a la plancha es deliciosa. Aún hoy se incluye dentro los alimentos de poca categoría, cuando su valor nutritivo es de primera clase. Tiene casi un 20% de proteínas de alta calidad y una dosis de vitamina A y vitamina D increíble. No hay que olvidar además que un 10% de este pescado es grasa y que de dicha grasa una dosis notable son ácidos grasos omega tres. Si a esto se añade el yodo, el calcio, el hierro, la B12 y la vitamina E que también lleva, resulta que es un verdadero concentrado de nutrientes.
Si además están fritas en aceite de oliva, hay que sumar más vitamina E y ácido oleico, lo cual las convierte en un crujiente manjar casi perfecto para personas con problemas cardiovasculares. No es un pescado light, aporta unas 150 kcal/100 g, pero aunque aportara el doble seguiría siendo absolutamente recomendable. Y es que no siempre lo más ligero ni lo más caro es lo más interesante.

- Hay sardinas todo el año, pero es en mayo, junio, julio y agosto cuando están en su mejor momento.
- Una manera fácil de cocer sardinas es asarlas en el horno una vez limpias aderezándolas con un chorro de aceite y zumo de limón y una picada de ajo y perejil.
- La sardina frita pequeña conlleva una dosis muy elevada de calcio pues se ingiere con la espina.
- Las mejores para freír son las de tamaño pequeño o mediano. Las más grandes es mejor cocerlas en el horno o brasa. -La mejor guarnición para acompañarlas es una ensalada.
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